Una cosa es que te guste la cerveza y otra que la necesites

Una cosa es que te guste la cerveza y otra que la necesites

Una cosa es que te guste el café y otra que lo necesites. Una cosa es que te guste el cine y otra que lo necesites. Una cosa es que te guste la ropa y otra que la necesites. Una cosa es que te guste… y otra que quiera. Y así, hasta el infinito y… Podríamos cambiar el producto o el servicio tantas veces como estimásemos oportuno y la frase no perdería su sentido.

El principal muro con el que nos encontramos los diseñadores gráficos -y todos los satélites- no es «la página en blanco» -si se nos permite robarle «el estado» a los escritores- es el maravilloso y excitante mundo del: no me gusta. Esto nos recuerda a aquellos jarabes que por más que nuestras madres intentaran camuflar su sabor, con Cola Cao, con zumos o con galletas, irremediablemente, te daban ganas de «gomitar». Un asquito, vamos.

Y a lo que íbamos -que nos dispersamos- es a la lidia del: no me gusta. A ver si somos capaces de explicarnos.

«El cliente» debería entender que nosotros tenemos el perfil del facultativo al que después de describirle los síntomas, estudia el caso, desarrolla una teoría y prescribe con criterio una receta que si los pasos anteriores se han realizado adecuadamente, tendrá un resultado, a largo, a medio o a corto plazo. No es cuestión de gustos. Si no de eficacia y efectividad. Es cuestión de atacar y atajar el problema desde la raiz (a las puntas). Es cuestión de comunicación. De escuchar y de entender el problema. Es, en definitiva, la búsqueda de la solución más adecuada a su perfil de producto o servicio.

Gusto, oído, vista, tacto y olfato. El orden del factor no altera las propiedades del producto, pero puede contribuir a su elección. «entra por la vista», «huele que alimenta», «da gusto escucharlo».

Hay que tener mucho olfato y mucho tacto para que las generaciones que han desarrollado su labor profesional durante décadas y consideran que deben dar el relevo, comprendan porqué es necesario «un lavado de imagen». Y que los nuevos emprendedores comprendan, que los verdaderos destinatarios de nuestras recetas, son sus clientes. Qué nosotros nos empapamos de la historia de su negocio, de sus productos o servicios para saber como llegar a ellos. Deben comprender en definitiva que si vienen a nosotros es por la única y sencilla razón de encontrar una estratégia para que su producto se diferencie del resto en el mercado y se venda.

Porque muy señores míos, estaremos de acuerdo en que aquí de lo que se trata, es de que ustedes vendan y para ello se destacan los valores y se minimizan los defectos. No nos gusta -y aquí si que está permitido el verbo gustar- que se diga que la publicidad miente o engaña. Porque no es cierto.

¿Cuantos de ustedes destacarían sus carencias por encima de sus virtudes?

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